Friday, August 18, 2017

Santa Marina la Mártir


Santa Marina nació en Antioquía (en Asia Menor, hoy Turquía). Su padre era un sacerdote pagano. Por su ama de leche, Santa Marina conoció la fe cristiana. Fue el tiempo en que el emperador Diocleciano (284 — 305) desató una persecución contra los cristianos. Debido a eso muchos cristianos debieron esconderse en cuevas o en desiertos. Al cumplir 12 años, Marina se bautizó. Cuando lo supo su padre, renegó de ella.
Un día, cuando Marina ya tenía 15 años, estaba cuidando a unas ovejas que pastoreaban. Pasó por el lugar el gobernador de la región, quedó fascinado por la belleza de la joven y le propuso matrimonio. Marina no ocultó que era cristiana. Entonces, el gobernador la entregó al cuidado de una noble mujer. Tenía la esperanza que ésta iba a convencer a la joven a renegar de Cristo. Pero Marina fue firme y se negó a ofrecer un sacrificio a los ídolos.
Entonces la sometieron a las más terribles torturas: la azotaron con varillas, cortaron su cuerpo con tridentes, le clavaron clavos, la quemaron con fuego. Al presenciar tales sufrimientos de la joven, el pueblo lloraba de compasión. La gracia de Dios sanó a Marina de sus heridas, pero los torturadores, pese al milagro, no entraron en razón. Al día siguiente, otra vez le quemaban el cuerpo y luego comenzaron a ahogarla en un gran barril. Durante esas torturas la tierra tembló. De las muñecas de Marina se cayeron las cadenas, sobre su cabeza empezó a irradiarse una extraordinaria luz, dentro de esa luz volaba girando una paloma sosteniendo en su pico una corona de oro. El pueblo asombrado comenzó a glorificar a Dios. El gobernador ordenó ajusticiar a Marina y a todos aquellos quienes creyeron en Cristo. Ese día, junto a Marina, fueron decapitadas 15000 personas. Feotim, un testigo, relató los martirios de Marina. Sus reliquias se encontraban en Constantinopla hasta la conquista de la ciudad por los cruzados en el año 1204. El brazo de Santa Marina se encuentra en el Monte Athos en el Monasterio de Vatopedi.

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Wednesday, August 9, 2017

El Amor a Dios .... ( San Serafín de Sarov )


Aquel que logra un perfecto amor a Dios vive esta existencia como si no perteneciera a este mundo. Ya que él se siente extraño para lo visible y espera con paciencia lo invisible. El se cambió por entero en el amor a Dios y dejo todos sus vínculos mundanos.
El que ama realmente a Dios con todo su ser, se considera como peregrino y extranjero en esta tierra ya que ve sólo a Dios debido a su tendencia a buscarlo.
La preocupación por el alma. El cuerpo del hombre se parece a una vela prendida. La vela debe quemarse y el hombre debe morir. Pero su alma es inmortal y por esto nuestra preocupación debe ser mayor por el alma que por el cuerpo: "¿Qué aprovechara al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiera su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt. 16:26), por la cual nada en el mundo puede servir de recompensa. Si un alma, por sí sola, es más preciosa que todo el mundo y el reino terrenal, entonces, es sin duda más precioso el Reino de los Cielos. Consideramos el alma como lo más valioso porque - como dice san Macario el Grande - Dios no se dignó a comunicarse ni a unirse con Su naturaleza espiritual a ninguna criatura visible, a excepción del hombre, al cual ama más que a todas Sus criaturas.


San Serafín de Sarov

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Sunday, August 6, 2017

El acontecimiento de la Transfiguración.


Los Evangelistas Mateo, Marco y Lucas relatan la Transfiguración de Jesucristo sobre el monte Tabor, cuando Su aspecto exterior cambió y se hizo luminoso. La transfiguración aconteció seis días después que el Salvador predijo Sus sufrimientos en la cruz. La Crucifixión siguió unos cuarenta días después. He aquí, como relata el Evangelista Mateo la Transfiguración del Salvador:
"Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo. Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos. Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista" (Mat. 17:1-12).
La montaña, sobre la cual pasó la transfiguración, no es nombrada por los Evangelistas, paro la antigua tradición, unánimemente indica el monte Tabor, que se encuentra en Galilea, a 6 Km. hacia SE de Nazaret. Cerca de esta montaña Jesucristo pasó Su adolescencia, y posiblemente la subió varias veces y oraba sobre ella. Con su altura de casi 1 Km. el monte Tabor se eleva majestuosamente sobre las planicies circundantes, atrayendo miradas de los viajeros de todos lados. Desde su cima se abre la vista sobre el mar de Galilea y el río Jordán, que se encuentran al Este de él. Desde su base y hasta la mitad el monte esta cubierto por imponentes robles y pistachos.
El Salvador llevó Consigo no a todos Sus discípulos, sino solo a tres: Pedro, Jacobo y Juan el Teólogo, dejando al resto de ellos a la base del monte. La subida al monte era fatigosa, y por eso, los apóstoles, que acompañaban a Cristo, se recostaron para descansar y se durmieron. El Salvador comenzó a orar y durante la oración Su aspecto externo cambió. Su rostro se iluminó como el sol y Su vestimenta se hizo blanca como la luz. Por la fuerte luz, los apóstoles se despertaron y vieron a su Maestro en Su Gloria celestial del Hijo de Dios. Su Divinidad resplandecía a través del cuerpo y los vestidos.
Con sorpresa, mirando al Salvador, los apóstoles vieron al lado de El a dos personajes desconocidos, que luego se aclaró que eran los antiguos profetas Moisés y Elías, que vinieron a Cristo desde el mundo invisible. Porque vinieron justamente estos profetas, los evangelistas no explican. Se puede suponer, que para los apóstoles y para todo el pueblo hebreo la aparición de los dos mas importantes hombres justos del Antiguo testamento era el testimonio de la dignidad Divina de Cristo. En primer termino, hasta este momento, entre el pueblo simple se hablaba que Jesucristo es el profeta Elías o algún otro profeta resucitado. La aparición de Moisés y Elías mostraba la incongruencia de esta opinión popular. En realidad, los profetas aparecidas hablaban con Cristo justamente como con Mesías, el Hijo de Dios. Además, como muchos judíos acusaban a Cristo de quebrar la ley de Moisés y de blasfemia — como si Él, sin ningún derecho, se apropiaba del nombre de Hijo de Dios (Jn. 9:16; 10:33), entonces la aparición de dos mas celosos defensores de la gloria de Jehová, debía convencer a todos que Cristo es, en realidad, el prometido Mesías y que todos Sus afirmaciones son verdad.
Es evidente, que Moisés, quien escribió el libro de la ley no soportaría la vulneración de esta ley y no quedaría en forma reverente ante su detractor. De misma manera, el profeta Elías, quien antiguamente quemó con un rayo a los enemigos de Jehová, no estaría parado y sumiso ante Aquel, Quien se declaraba igual al Dios Padre, — si esto no fuera verdad. (Dijo Jesús: "Yo y el Padre uno somos" (Jn. 10:30; sobre el profeta Elías ver 2 Reyes 1:10).
A nosotros, los cristianos, esta aparición de los antiguos profetas, que se fueron al otro mundo, nos convence que la vida del hombre no termina con su muerte física y las almas de los difuntos no duermen, como falsamente enseñan algunas sectas, sino viven con una plena vida espiritual. Jesucristo tiene el poder sobre la vida y la muerte y es el Señor del cielo y la tierra, tal como el dijo: "Tengo las llaves de la muerte y del Hades" (Apoc. o Revelación 1:18).
La conversación de los profetas Moisés y Elías con Cristo debía dar fuerzas a los apóstoles y fortalecer su fe en Cristo ante futuros sufrimientos en la cruz del Salvador. En realidad, los apóstoles tomaban los sufrimientos de su Maestro, como Su humillación y oprobio, en cambio, los profetas los llamaban "Gloria," que El va a revelar en Jerusalén. Y antes de Su crucifixión el Salvador miraba a la futura humillación y muerte vergonzosa como el comienzo de la glorificación de Su Padre y de Si Mismo, como Salvador de la humanidad, diciendo: "Padre, la hora ha llegado; glorifica a Tu Hijo, para que también Tu Hijo glorifique a Ti" (Jn. 17:1).
El estado especialmente bendito que experimentaron los apóstoles durante la Transfiguración del Salvador lo expresó el apóstol Pedro diciendo: "Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí!" Alegrado por la visión Divina, Pedro deseaba que continuara, si es posible, para siempre. Con esto Pedro propuso al Salvador de hacer tres enramadas ahí mismo sobre la cima del monte. (Estas carpas se hacían entre los judíos y en general entre los pueblos orientales de tal manera: desde la punta del poste, clavado en la tierra, se tendían sogas hacia varias estacas clavadas a cierta distancia del poste, luego se cubrían de lienzo. A veces en lugar de tela se usaban cueros, hojas de árboles o corteza). Apóstol Pedro no tenia deseo de volver al mundo de ira y traición, que amenazaba a su Maestro con sufrimientos y muerte.
Los Evangelistas relatan, que este momento a todos que se encontraban sobre el monte, los cubrió una nube luminosa, que indicaba la presencia de Dios Padre. (Nube oscura es símbolo y signo de Dios-Justo, ver Éxodo;, en cambio la nube luminosa, llamada en Biblia: "shekina," a veces se veía sobre el Santo-Santorum, o sea la parte principal del templo hebreo, ver 1 Reyes 8:10-11; Ezeq. 1:4; 10:4). Desde la nube se escuchó voz misteriosa, tal como en el Bautismo de Cristo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" con agregado de palabras: "a Él oíd." Estas ultimas palabras debían recordar a los apóstoles la antigua profecía de Moisés sobre el Gran Profeta que vendrá para anunciar la voluntad Divina. "Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que El hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta" (Deut. 18:19). Así, aquí, sobre el monte Tabor, años después, con el testimonio de Dios-Padre, se afirmó la profecía de Moisés sobre el Mesías como Profeta mas grande.
Al escuchar la voz, que salía de la nube, los discípulos asustados cayeron a la tierra. Aquí, sobre el monte, todo resultó para ellos extraordinario: la soledad y altura del lugar, el profundo silencio de la naturaleza, la aparición de antiguos profetas, la fuerte luz, la misteriosa nube, y al final, la voz del Mismo Dios Padre.
Cuando comenzaron el descenso del monte, Jesús prohibió a los apóstoles de contar a nadie lo que pasó sobre el monte, hasta Su resurrección de los muertos. El Señor se transfiguró para asegurar completamente a Sus apostolados de confianza, que El es realmente el Mesías. Pero para la amplia masa hebrea relatar la Transfiguración era demasiado temprano. Despertaría en ellos una imagen real de Mesías como un poderoso rey-conquistador. Mas adelante, uno de los testigos de este acontecimiento milagroso, el apóstol Pedro, recordaba esto como un hecho indudable y lo mencionaba como demostración de la naturaleza Divina de Cristo (2 Ped. 1:16-18).

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Canon de la Transfiguración


Kántico 1.
Irmos: Masas de Israelíes, cruzando con pies secos la profundidad húmeda del Mar Rojo, y viendo ahogados a los jinetes enemigos y sus jefes, en alegría cantaban: Cantemos a Dios nuestro ya que El se glorificó.
Anunciando a Sus amigos palabras de vida sobre el Reino de Dios, Cristo dijo: Cuando verán el brillo de la luz inalcanzable, conocerán a Padre en Mi y en alegría exclamarán: Cantemos a Dios nuestro ya que El se glorifico (Jn. 6:68; 14:7-9; 15:5).
Vosotros amigos-discípulos destruyan la fuerza de los paganos y enaltézcanse con su riqueza, ya que cuando apareceré brillando mas claro que el sol, vosotros os glorificareis en alegría, clamando: Cantemos a Dios nuestro ya que El se glorificó (Is. 61:6; Rom. 11:12).
Ahora Cristo, brillando sobre el monte Tabor, reveló a discípulos la visión de la Divina luz oculta, como prometió. Ellos plenos de iluminación Divina en alegría clamaban: Cantemos a Dios nuestro ya que El se glorificó (Mat. 16:28).

Kántico 3.

Irmos: Arcos de fuertes se debilitaron y los débiles se revistieron de fuerza, por eso mi corazón se afirmó en el Señor.
Revestido con el ser de Adán, Tu Cristo a este ser oscurecido en antigüedad, de nuevo iluminaste y divinizaste con la transfiguración de Tu rostro (Luc. 9:29).
Cristo, que en antigüedad conducías con pilar de fuego y nube a los israelíes en el desierto, ahora inexpresablemente has brillado sobre el monte Tabor (Ex. 13:21; Mat. 17:2).

Kántico 4.
Irmos: Escuche sobre Tu gloriosa edificación Cristo Dios, — que has nacido de la Virgen para salvar de error a los que llaman: Gloria a Tu fuerza, Señor.
Escribiendo la ley en Sinaí, Tu Cristo Dios apareciste en nube, fuego, tinieblas y tornado. Gloria a Tu fuerza Señor (Ex. 19:16-18; Deut. 4:11).
Para asegurar a discípulos de Tu gloriosa edificación Cristo Dios, Tu existente antes de siglos y Tu Mismo realizando sobre la nube Tu elevación, inexpresablemente brillaste en Tabor (Sal. 104:3).
Se presentaron, y sumisos conversaban Contigo, Señor Cristo, aquellos con quienes Tu antes conversabas entre fuego y humo, tinieblas y tornado. Gloria a Tu fuerza, Señor (Mat. 17:3; Deut. 4:11; Ex. 19:3; Reyes 19:11).
Sobre Tu futura muerte en la cruz predecían los presentados en Tabor, Moisés, que antaño Te previó Cristo en el fuego de la zarza, y también Elías, elevado en un carro de fuego (Luc. 9:30).

Kántico 5.
Irmos: Tu separaste la luz del caos primordial, para que Tus criaturas canten a Ti, Creador. Ahora, Cristo, en Tu luz dirige nuestros caminos (Gen. 1:4; Sal. 5:9).
Ante Ti se postraron las temporadas del año, ya que el sol puso a Tus pies su luz y rayos que cortan el cielo, cuando Tu, Cristo deseaste cambiar Tu imagen humana (Mar. 3:9).
He aquí el Salvador — exclamaban en voz alta Moisés y Elías a los discípulos sobre el santo monte Tabor, — Cristo que nosotros, en antigüedad, predecimos como Dios verdadero (Mar. 9:4).
El inmutable ser, al unirse con el mortal, reveló abundante luz de Divinidad e inmaterial e inexpresablemente brilló ante apóstoles (Heb. 12;29).
Viendo a Ti, luz eterna — Cristo, brillando en la gloria del Padre, los discípulos clamaban a Ti: En Tu luz dirige nuestros caminos (Heb. 1:3; Sal. 5:9, 119:133).

Kántico 6.
Irmos: En mi congoja, llamé al Señor y me escuchó Dios de mi salvación.
El Salvador, brillando en Tabor con luz mas brillante que la solar, iluminó, también, a nosotros (Luc. 1:79).
Al subir al monte Tabor, Te transfiguraste, Cristo, y oscureciendo todo error, brillaste con luz para nosotros (2 Tim. 1:10).
Gloriosos apóstoles en Tabor conocieron en Ti, Cristo, a Dios y asombrados hincaron las rodillas.

Kántico 7.
Irmos: Los hijos de Adán en Babilonia vencieron antaño a la llama del horno, en cánticos, clamando: Bendito seas Tu, Dios de nuestros padres.
Apóstoles, iluminados sobre el monte Tabor, con luz de inalcanzable gloria, exclamaban a Cristo: bendito seas Tu, Dios de nuestros padres (1 Tim. 6:16).
Apóstoles maravilladas por palabras de voz Divina, nube de roció y Tu resplandor, Cristo, cantaban: Bendito seas Tu Dios de nuestros padres (Mat. 17:5; Luc. 9:54).
Cuando Pedro sobre monte Tabor vio resplandeciendo con inexpresable luz Cristo, exclamó: Bendito sea Tu, Dios de nuestros padres (Mat. 17:1).
Hijos de Zabedeo, encontrándose con el Jefe de la vida, Cristo, cuando Su rostro irradió la luz, exclamaron: Bendito seas Tu, Dios de nuestros padres (Mar. 3:17).

Kántico 8.
Irmos: Los mancebos en Babilonia, ardiendo con celo Divino, vencieron con valor la amenaza del verdugo y las llamas, y arrojados en medio del fuego, bañados de rocío, cantaban: bendigan todas las criaturas de Dios, al Señor.
Cristo, que todo lo sostiene con Su poder, subió con Sus purísimos pies al monte Tabor, donde resplandeció Su rostro mas claro que el sol, y a los servidores superiores de la ley y gracia instó a cantar: bendigan todos las criaturas del Señor a Dios (Is. 40:22-26).
Luz inmensa y sin ocaso brillo del Padre, que apareció inexpresablemente en la gloria inalcanzable sobre el monte Tabor, iluminando a la creación, divinizó a los hombres que cantaban: Bendigan todas las criaturas del Señor, a Dios (Heb. 1:3).
Presentados con veneración sobre el monte Tabor, Moisés y Elías, claramente viendo la imagen Divina Persona-Cristo, resplandeciendo con gloria del Padre, cantaban: Bendigan todas las criaturas del Señor, a Dios (Ex. 34:35; Sal. 104:2).
Los discípulos, viendo a Cristo sobre Tabor, rodeado de nube luminosa, y cayendo de bruces a la tierra, se iluminaron con su mente y cantaban a El con Padre y Espíritu Santo: Bendigan todas las criaturas del Señor a Dios (Mat. 17:5).

Kántico 9.
Irmos: Ti diste a luz a Cristo, invulnerada; Dios provino de Tu seno apareció portador de la carne sobre la Tierra, y vivió con la gente, por eso Te llamamos madre de Dios.
Temblando, los discípulos iluminados de repente con la milagrosa luz, se miraban con asombro y, cayendo a tierra Te saludaron a Ti, Señor de todos (Mat. 17:1-5).
De la nube se escuchó la voz Divina, que aseguraba al milagro; ya que Padre de las luces (del mundo) proclamó a los apóstoles: Este es Mi Hijo amado. A El oíd (Sant. 1:17; Mat. 17:5).
Servidores de la Palabra, viendo lo extraordinario y asombroso, y escuchando la voz del Padre sobre Tabor, exclamaban: Ese Salvador nuestro es la imagen de la Protoimagen (Heb. 1:3).
Tu — verdadera imagen del Existente, sello fiel e invariable, Hijo, Logos, Sabiduría, músculo, mano y fuerza del Altísimo, Te cantamos con el Padre y el Espíritu Santo (1 Cor. 1:24. Is. 53:1).
Durante la Liturgia, en lugar de habituales salmos, se cantan antifones de la festividad. Antes de la lectura de Epístola, se canta el prokimenon: "Cuan numerosas son Tus obras, Señor, todo lo has hecho con sabiduría." En la Epístola (2 Ped. 1:10-19) se habla que la aparición en Tabor de gloria del Señor es la demostración de la Divinidad de Cristo. El Evangelio (Mat. 17:1-9) relata la Transfiguración del Salvador.
En lugar del Habitual cántico a la Virgen, se canta el cántico — 9-o del canon con esta frase introductora:
"Honra, alma mis, al Señor, transfigurado sobre el monte Tabor."
Antes de la Comunión se canta: "caminaremos en la luz de Tu rostro, Señor y sobre Tu nombre nos alegraremos todo el día."
La particularidad externa del oficio de la festividad de Transfiguración es la bendición de frutos y verduras, como un agradecimiento de la naturaleza, el aire puro y el pan de cada día para nosotros.
La costumbre de bendecir a la uva y otros frutos.
Se usa en la festividad de Transfiguración, después de la Liturgia, bendecir la uva, manzanas y otros frutos. La costumbre de traer frutas al templo se remonta a los tiempos de Antiguo Testamento (Gen. 4:2-4; Ex. 13:12; Num. 15:19-231; Deut. 8:10-14). De los apóstoles la costumbre pasó a la Iglesia de Nuevo Testamento (1 Cor. 16:1-2). Las indicaciones sobre frutas traídas al templo se puede encontrar en la 3-a reglamentación de los apóstoles ("Reglamentos Apostólicos" son en compendio mas antiguo de leyes eclesiásticas, [cánones], conocidos ya desde el siglo 2-o). En Grecia en agosto maduran los frutos los mas importantes son espigas y uva. Desde antigüedad, la gente traía al templo para su bendición a estos frutos, como un agradecimiento a Dios. De esto escribía san Juan Crisóstomo: "El agricultor recibe los frutos de la tierra, no tanto por sus esfuerzos y dedicación, como por la benignidad Divina, que se los devuelve, ya que él que planta y riega — es nada — todo es Dios que provee."
La uva se trae al templo por su relación directa con la Eucaristía, por eso, en la oración de bendición de uva el sacerdote dice: "bendice Dios este nuevo fruto de la vid, que Tu permitiste con aire propicio, gotas de lluvia y calma del tiempo llegar a la madurez. Que sirva la comunión de estos frutos de la vid para nuestra alegría y nos permite traer los a Ti, como don, para la purificación de los pecados, junto con el bendito Cuerpo de Cristo Tuyo."
En los primeros tiempos de cristianismo los creyentes traían al templo los frutos de la nueva cosecha — pan, vino, aceite, incienso, cera y miel, y otros. De estos dones al altar llagaban solo: pan, vino, incienso, aceite y cera. Todo lo otro se usaba para las necesidades del clero y de los pobres, a quienes ayudaba la iglesia. Con estos dones se expresaba el agradecimiento a Dios, por los bienes otorgados, y también, se ayudaba a la gente consagrada al servicio de Dios y a los pobres. Actualmente, la bendición del pan, vino, huevos, leche y otras comidas se conserva en el templo con la bendición del Artos y las comidas pascuales en las casas. Las flores y hojas de palmeras se bendicen el Domingo de Ramos, S-ta Trinidad, Elevación de la Cruz del Señor, y en Domingo de la 3-ra semana de Cuaresma. Se traen miel y trigo hervido (kutia) durante los responsos de los difuntos y comidas posteriores en honor a los mismos. La presentación de los Panecillos especiales (Prosforas) para la proscomidia se sigue usando en todas partes y siempre.

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La Transfiguración del Señor


La Transfiguración de Cristo representa uno de los acontecimientos centrales en su vida terrenal que se encuentra relatado en los Evangelios. Inmediatamente después de que el Señor fue reconocido por sus apóstoles como “el Cristo (Mesías)”, “el Hijo del Dios Viviente”, les dijo que “le era necesario ir a Jerusalén y Padecer mucho de los ancianos, de los Principales Sacerdotes y de los escribas; y ser Muerto, y Resucitar al tercer día.” (Mateo 16,21) La reacción de los Apóstoles a este anuncio de Cristo acerca de su próxima pasión y muerte fue de indignación. Y luego, después de reprocharles, el Señor tomó a Pedro, a Santiago y a Juan “aparte a un monte Alto”, de acuerdo a la tradición el Monte de Tabor, y “se transfiguró delante de ellos.”

«Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.» (Mateo 17,1-9; ver también Marcos 9,1-9; Lucas 9,28-36; II Pedro 1,16-18)

La fiesta judía de las Tiendas era una celebración de la morada de Dios con los seres humanos, y la transfiguración de Cristo revela que Dios “habita” en el Mesías y se manifiesta por él, hombre de carne y huesos. No hay dudas de que la transfiguración de Cristo sucedió en el tiempo de la Fiesta de las Tiendas, y que la celebración del acontecimiento en la Iglesia Cristiana llegó a ser el cumplimiento neotestamentario de esta fiesta del Antiguo Testamento, de manera muy similar a las fiestas de la Pascua y Pentecostés.

En la Transfiguración, los apóstoles se dieron cuenta que en Cristo verdaderamente “habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad”, que “agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1,19; 2,9). Jesús les permite ver todo esto antes de la Crucifixión, a fin de que ellos sepan quién es el que sufrirá por ellos, y qué es lo que Él, que es Dios, ha preparado para aquellos que le aman. Esto es lo que la Iglesia celebra en la fiesta de la Transfiguración.

Cuando te transfiguraste, oh Cristo Dios, en el Monte Tabor, revelaste tu gloria a tus discípulos según la pudieron captar. Haz resplandecer sobre nosotros pecadores Tu Luz Eterna, por la Intercesión de la Madre de Dios. Tú que concedes la Luz, gloria a Ti. (Tropario)

Te transfiguraste en el Monte, oh Cristo Dios, y tus discípulos vieron tu gloria en cuanto pudieron; para que cuando Te vieran crucificado, comprenderían que Tu sufrimiento era voluntario, y proclamarían al mundo que Tú en verdad Eres el Esplendor del Padre. (Kontakion)

Además del significado fundamental que el acontecimiento de la Transfiguración posee dentro del contexto de la vida y misión de Cristo, del tema de la gloria de Dios que es revelada en todo su esplendor en el rostro de Cristo el Salvador, la presencia de Moisés y Elías es también de gran importancia para la comprensión y celebración de esta fiesta. Muchos de los himnos hacen referencia a estas dos figuras centrales de la Antigua Alianza, tal como lo hacen las tres lecturas de las Escrituras designadas para el oficio de Vísperas, que hablan de la manifestación de la gloria de Dios a estos santos varones de antaño. (24,12-18; 33,11-34,8; I Reyes 19,3-16)

Moisés y Elías, según los versos litúrgicos, no son solamente las más grandes figuras del Antiguo Testamento quienes vienen ahora para adorar al Hijo de Dios en gloria, ni tampoco son meramente dos de los varones santos a quienes Dios se reveló en las teofanías prefigurativas de la Antigua Alianza de Israel. Estas dos figuras en verdad representan el Antiguo Testamento mismo: Moisés representa a la Ley, y Elías a los Profetas. Y Cristo es el cumplimiento de la Ley y de los Profetas (Mateo 5,17)

Ellos también representan a los vivos y a los muertos, pues Moisés falleció y se conoce su lugar de sepultura, mientras Elías fue llevado al cielo vivo para aparecer nuevamente a anunciar el tiempo de la salvación de Dios en Cristo.

Entonces, apareciendo juntos a Jesús en el Monte de la Transfiguración, Moisés y Elías confirman que el Mesías-Salvador está aquí, y que Él es el Hijo de Dios de quien el Padre mismo da testimonio, el Señor de la Creación, del Antiguo Testamento y del Nuevo, de los vivos y de los muertos. La Transfiguración de Cristo en sí es el cumplimiento de todas las teofanías y manifestaciones de Dios, una consumación perfeccionada y completada en la persona de Jesucristo. La Transfiguración de Cristo nos revela nuestro propio destino como cristianos, el destino final de todos los seres humanos y de la creación entera, el de la transformación radical del ser y su glorificación por el majestuoso esplendor de Dios.

Lo más probable es, que originalmente la fiesta de la Transfiguración de Cristo pertenecía al periodo pre-pascual de la Iglesia. Tal vez se celebraba en uno de los domingos anteriores a la Pascua de Resurrección. Existe cierta evidencia histórica que lo indica; además, tenemos el hecho de que hoy en día San Gregorio Palamás, el gran maestro de la Transfiguración de Cristo, es conmemorado durante la Gran Cuaresma (en el cuarto domingo). Además, el acontecimiento propiamente tal está definitivamente relacionado con la muerte y resurrección del Salvador que se aproximan:

«… para que cuando Te vieran crucificado, comprenderían que Tu sufrimiento era voluntario…» (Kontakion)

Hoy en día, la fiesta de la Transfiguración de Cristo se celebra en el día 6 de agosto, probablemente debido a alguna razón histórica. En algunas iglesias, se acostumbra a bendecir uvas y otras frutas y verduras en este día. Esto simboliza la transfiguración de toda la creación en Cristo. Significa la fructificación de la creación entera en el paraíso del eterno Reino de Vida de Dios, cuando todo será transformado por la gloria del Señor.

Catecismo Ortodoxo 

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Friday, August 4, 2017

A San Cipriano, oración para protección de enemigos, magias, hechizos y mal de ojo.


 En tu Santo nombre,
Glorioso San Cipriano,
hoy, te rezo con toda mi devoción.

A ti recurro para líbrame
de todo peligro y daño de los prójimos,
que me quieran atacar,
líbrame de lo malo de mi vida:
de todo animal rabioso y venenoso,
líbrame de la mala lengua
de algún malqueriente mío,
líbrame del maleficio
y ensalmos malignos,
de las envidias y males de ojo
y de hechizos y brujería enviados.

Dirígeme con toda felicidad
y seguridad en mis viajes,
aclárame el camino,
aleja de mi los peligros y malhechores.

También de toda tentación
de mis enemigos, ocultos y visibles,
aléjalos de mi y de mi camino,
que aunque tengan lengua,
no me hablen ni de mi hablen,
y quede callado el mentiroso,
que aunque tengan ojos,
no me vean, no me miren,
y que si una mala mirada me echaran,
quede yo protegido por tu gran poder.

Líbrame de las envidias, glorioso santo,
de los que envidian mis logros,
mis bienes, mi amor, mi bienestar,
mi familia, mis posesiones,
y si con malas artes buscaran
arrebatarme lo que con tanto esfuerzo
he logrado conseguir,
que no me envíen males,
que yo a no hago mal a nadie
y no merezco males y daños.

Esta gracia te la pido por tu santidad
y por lo que en tu vida juraste
ser defensor contra los daños y peligros
que rodean al hombre.

Te ruego Santo mío,
que así alcances para mí
la protección y ayuda necesaria
contra todo mal,
por intercesión gloriosa para Dios.

Amén.

Catecismo Ortodoxo 

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Monday, July 31, 2017

“Pero... está escrito que tu esposa debe morir”, respondió el santo. Al escuchar esto, Vorotilov cayó de rodillas y, llorando desconsoladamente, le suplicó que orara para que su esposa sanara.

Las Oraciones de San Serafín tenían una fuerza muy grande. Eran capaces, incluso, de sanar enfermos en su lecho de muerte. Un caso de estos ocurrió en mayo de 1829, cuando enfermó gravemente la esposa de Alejo Yurievich Vorotilov, de la aldea Pavlov, en la región de Gorbachevo.

Vorotilov tenía una gran fe en las oraciones de San Serafín, y éste le amaba como si fuera discípulo suyo. Así, decidió ir a buscarle a Sarov, a donde llegó a la medianoche. A pesar de ser ya muy tarde, Vorotilov se dirigó inmediatamente a la celda de San Serafín. Éste, que parecía estar esperándolo, se hallaba sentado junto a la puerta, en la oscuridad.

“— ¿Qué te ha hecho, alegría mía, venir a la celda del pobre Serafín a estas horas?”.

“— Vine a pedirle ayuda para mi esposa.”

“— Pero... está escrito que tu esposa debe morir”, respondió el santo.

Al escuchar esto, Vorotilov cayó de rodillas y, llorando desconsoladamente, le suplicó que orara para que su esposa sanara. Lleno de compasión, San Serafín se puso a orar, permaneciendo en este estado unos diez minutos. Después, abrió los ojos y dirigió su mirada a Vorotilov, para decirle:

“—Bien, alegría mía. Dios le da vida a tu esposa. Puedes volver en paz a tu hogar.”

Poco después, Vorotilov habría de enterarse que, justo cuando San Serafín oraba, su esposa comenzó a sentir un repentino alivio. Y pronto sanó completamente.

San Serafín de Sarov

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Thursday, July 27, 2017

ORACION A SAN PANTALEON PARA PEDIR SANACION DE UN ENFERMO.


Glorioso Médico San Pantaleón
que toleraste con invencible fortaleza
las adversidades de esta vida,
y no sentiste temor ante los sufrimientos del cuerpo, acudo ante ti y deposito mi total confianza
en tu corazón Grande y Generoso.

Santo Mártir Pantaleón, tu que tantos milagros obraste,  que a tantos diste salud del cuerpo y alma,  posa tu mirada, manos y bendición sobre ......

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(Di tu Nombre o el de la Persona Enferma)

y Restitúyele la energía y la vitalidad,
alivia y calma sus sufrimientos y dolores
dale ánimos e infunde en él la esperanza,
concédele espíritu de fortaleza y tesón
y haz que recobre la salud perdida.

San Pantaleón Mártir, modelo de todas las virtudes
que superaste todos los tormentos por amor al Señor, haz que ...... supere sus dolencias y padecimientos,
intercede por ...... para que sea sanado.

Señor Tu que inflamaste con tu amor
al joven médico San Pantaleón
y le constituiste como nuestro Abogado y Protector, Tú que siempre recompensas a los que creen en Ti,  escucha la oración de sus fieles devotos, y concédenos a quienes le honramos y confiamos en su poder
ser atendidos favorablemente en lo que solicitamos y que cuanto pedimos en su nombre nos sea otorgado.

Jesús, salud y luz del mundo,
haz que nos abracemos a tus enseñanzas
con toda el alma, a ejemplo de tu Mártir San Pantaleón, que tanto trabajó y luchó por el bienestar de los hombres;
y te rogamos que por nuestra fe en tu misericordia
nos ayudes a extender las maravillas de tus favores
a nuestro alrededor y todo aquel que lo Precisara.

Así sea.
Rezar el Credo, Padrenuestro y Gloria.

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El Santo Megalomártir y Médico Pantaleon.


El Santo y Glorioso Mártir de Cristo Panteleimon Nació en Nicomedia y era hijo de un senador pagano llamado Eustorgio y una cristiana de nombre Eubolia, quien le dio el nombre de Pantaleón. Puesto bajo la tutela de Eufrosino, un médico muy conocido, para su educación, poco a poco adquirió un perfecto conocimiento de la medicina, a tal punto que el emperador Galerio Maximiano, al tomar conocimiento de sus cualidades, le ofreció llevarlo al palacio como su médico personal. El joven pasaba todos los días frente a la casa donde San Hermolao (26 jul.) se encontraba escondido. El santo sacerdote, discerniendo la pureza de su alma, un día lo invitó a pasar, y le comenzó a enseñar que la ciencia médica sólo podía proporcionar un alivio muy débil al sufrimiento físico y a la naturaleza mortal, y que sólo Cristo, el único verdadero Médico, vino a traernos la salvación, con su medicina gratuita. Con su corazón exultante de alegría al oír estas palabras, el joven Panteleimon comenzó a visitar a San Hermolao con frecuencia y fue instruido por él en el gran Misterio de la fe. Un día, mientras regresaba de casa de Eufrosino, se encontró en el camino con un niño muerto que había sido mordido por una víbora. Comprendiendo que había llegado el momento de poner a prueba la promesa de Hermolao, invocó con fe el Nombre de Cristo, entonces el niño revivió inmediatamente y el reptil murió. Luego corrió a la casa de Hermolao y, lleno de alegría, pidió recibir el Santo Bautismo de inmediato. Entonces, decidió quedarse con el santo anciano, para regocijarse con su enseñanza, regresando a su casa ocho días después. Interrogado por su padre sobre dónde había estado, respondió que se había quedado en el palacio para curar a un hombre cercano al emperador. Manteniendo en secreto su conversión, se dedicó con empeño a convencer a su padre de la inutilidad de adorar a los ídolos.

Algún tiempo después, un hombre ciego fue llevado a su casa por su padre, quien le pidió a Pantaleón que lo sanara, ya que había gastado en vano toda su fortuna en otros médicos. Confiando en Cristo, que ya moraba en él con poder, el joven le aseguró a su asombrado padre que él lo sanaría por la gracia de su Maestro. Marcó sobre los ojos del ciego la Señal de la Cruz, invocando a Cristo, y el hombre recuperó inmediatamente la vista, no sólo de sus ojos corporales, sino también de los ojos de su alma, remarcando que era Cristo quien lo había curado. Luego fue bautizado por San Hermolao, junto con Eustorgio, que muy pronto se quedó dormido en la paz del Señor.

Entonces Pantaleón repartió su herencia entre los pobres, liberó a sus esclavos y se dedicó con celo redoblado al cuidado de los enfermos, a los cuales no les pedía ningún pago, sino que tuvieran fe en Cristo, que vino al mundo para curar todas nuestras enfermedades.[1] Esto despertó la envidia de los otros médicos de Nicomedia, y, cuando se enteraron que había cuidado a un cristiano que acababa de ser torturado por orden del emperador, aprovecharon la oportunidad para denunciarlo ante Maximiano. Después de haber recibido con dolor la denuncia contra su protegido, el emperador convocó al hombre que había sido ciego y le preguntó cómo le había restaurado la vista Pantaleón. Al igual que el ciego de nacimiento en el Evangelio, el hombre respondió con sencillez que lo había sanado invocando el Nombre de Cristo, y que este milagro le había traído la verdadera luz, la de la fe. El emperador, enfurecido, lo hizo decapitar de inmediato, y envió a sus soldados a buscar a Pantaleón. Cuando el Santo estuvo ante su presencia, le reprochó el haber traicionado su confianza y lo acusó de haber insultado a Esculapio y a los otros dioses por su fe en Cristo, un hombre que había muerto crucificado. El Santo respondió que la fe y la devoción a Dios son mayores que todas las riquezas y honores de este mundo vano, y, para apoyar sus palabras, le sugirió a Maximiano ponerlo a prueba. Entonces, trajeron a un paralítico, sobre el cual los sacerdotes paganos habían hecho primero sus conjuros, ante la burla del Santo. Ante sus inútiles esfuerzos, Pantaleón elevó su oración a Dios y, tomando al paralítico de la mano, lo levantó en el Nombre de Cristo. Muchos de los paganos, viendo al hombre caminar y exultante de alegría, creyeron en el Dios verdadero, mientras los sacerdotes paganos instaban al emperador a matar a este peligroso rival.

Cuando Maximiano le recordó las torturas infligidas poco tiempo antes a San Antimo (3 sep.), Pantaleón le respondió que, si un anciano había demostrado tal valentía, con más razón debían los jóvenes demostrar su valor ante la prueba. Ni la adulación ni las amenazas lograron quebrantar su resolución. Entonces el tirano decidió torturarlo. Estaqueado, sus miembros fueron lacerados con clavos y luego le pasaron sobre las heridas antorchas encendidas. Pero Cristo, apareciéndosele al santo mártir bajo la forma de su padre espiritual Hermolao, le dijo: ‘No temas, hijo mío, yo estoy contigo, y socorreré a todos los que sufren por mí.’ Entonces las antorchas se apagaron al instante, y las heridas del Santo se sanaron de inmediato. Luego lo sumergieron en la brea ardiente y lo arrojaron al mar con una pesada piedra atada al cuello, pero el Señor se mantuvo a su lado en todo momento, preservándolo ileso. Luego lo tiraron a las fieras salvajes, pero allí nuevamente Cristo lo protegió, y las bestias feroces se echaron a sus pies, lamiéndolos con ternura, como si fuesen animales domésticos. El emperador, sin embargo, actuando de manera más salvaje que los irracionales animales, ordenó que lo ataran a una rueda llena de filosas cuchillas, que fue arrojada desde un lugar alto ante la mirada atónita de todo el pueblo. Pero el Señor intervino milagrosamente una vez más: Liberó a su siervo de sus ataduras y la rueda acabó con un gran número de paganos a su paso.

Cuando Maximiano le preguntó sobre la fuente de este poder, y cómo había sido llevado a la fe cristiana, Pantaleón le reveló donde se escondía Hermolao, pues Dios le había manifestado que había llegado el momento para él y su maestro de confesar su fe y encontrar la perfección en el martirio. Después de la gloriosa muerte de Hermolao y sus compañeros, el tirano convocó nuevamente a Pantaleón a su presencia, y, fingiendo que los mártires se habían sometido, trató de persuadirlo para que también él ofreciera sacrificios. El hombre bendito pidió entonces verlos. Cuando el soberano le contestó que los había enviado en una misión a otra ciudad, Pantaleón respondió: ‘¡Has dicho la verdad a pesar de ti mismo, mentiroso, ya que ahora están en la Jerusalén celestial!’ Convencido de que era imposible vencer la resolución de Pantaleón, Maximiano ordenó que fuese decapitado y su cuerpo quemado.

El Santo marchó ansioso a las afueras de la ciudad, pero, en el momento en que el verdugo levantó su espada, esta se derritió como la cera ante el fuego. Ante este milagro, los soldados presentes confesaron el Nombre de Cristo. Pantaleón, sin embargo, los exhortó a cumplir su deber, y elevó una última oración. Una voz de los cielos le contestó: ‘fiel servidor, tu deseo será cumplido ahora. Las puertas del cielo están abiertas para ti y tu corona ya está preparada. Y serás a partir de ahora el refugio de los desesperados, el socorro de los que están en las pruebas, el médico de los enfermos y el terror de los demonios, y por lo tanto, tu nombre no será 'Pantaleón' sino 'Panteleimon'.[2] Entonces inclinó el cuello y, cuando su cabeza cayó, de su cuello manó leche, su cuerpo se volvió más blanco que la nieve y un olivo seco que había en el lugar, de repente se llenó de hojas y dio abundantes frutos. Los soldados que habían recibido la orden de quemar los restos del Santo los entregaron a los fieles, quienes les dieron piadosa sepultura en la propiedad de Amancio Escolástico, y se fueron a proclamar la Buena Nueva a otros lugares. Desde entonces, las reliquias de San Panteleimon Nunca dejaron de traer la sanidad y la gracia de Cristo, el único Médico del Alma y del Cuerpo, a todos los que se acercan con devoción.

[1] Esta es la rRzón por la cual se lo venera como uno de los Santos Anárgiros
[2] Que significa ‘Misericordiosísimo’.

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Santa Mártir Parasceva

La Santa y Gran Mártir Parasceva nació durante el reinado de Adriano (117-38) en un pueblo cerca de Roma, y era hija de Agatón y Politeia, dos devotos cristianos que durante muchos años le habían pedido al Señor concebir un niño. Dios, que siempre oye los deseos de los que le temen, les dio una hija a la que llamaron Parasceva, porque nació un viernes[2] y por devoción a la vivificadora Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Desde la más tierna infancia, se consagró enteramente a las cosas de Dios. No sintiendo ninguna atracción por los juegos infantiles, pasaba todo su tiempo ya sea en la iglesia, participando de los Oficios o en su casa, rezando o meditando la Palabra de Dios. Ella tenía doce años[3] cuando murieron sus padres, y distribuyó su gran riqueza entre los necesitados, y tomó el velo, signo de su consagración a Dios. Después de pasar algún tiempo en completa sumisión a su abadesa, y teniendo el deseo de compartir el tesoro de la fe con los demás, dejó el monasterio y pasó por ciudades y aldeas proclamando el nombre de Cristo. Mediante su proclamación, atrajo a muchos paganos a la verdadera fe y despertó el odio y el celo de los judios, que la denunciaron ante el gobernador de la región en la que se encontraba.[4] De inmediato ordenó la detención de esta noble cristiana e hizo que la llevaran ante él. Cuando la vio, se sintió abrumado por su belleza y rápidamente intentó conquistarla mediante la adulación, diciendo: ‘Si te dejas convencer por mis palabras, y te comprometes a adorar a los dioses, recibirás una gran fortuna, pero si persistes en tu obstinada negativa, te entregaré a terribles torturas’. La frágil joven le respondió con audacia viril: ‘Jamás voy a negar mi dulcísimo Jesucristo, y ninguna tortura podría separarme de su amor, porque él dijo: “Yo Soy la Luz del Mundo: el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn. 8:12). En cuanto a tus dioses, que no hicieron ni el cielo ni la tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo (Jer. 10:11). La ira del rey estalló, y les ordenó a sus soldados colocar un casco incandescente sobre la cabeza de la Santa. Cubierta por un rocío, como los Tres Jóvenes en el horno, Santa Parasceva no sintió dolor. Luego le cortaron los senos y la encarcelaron con una pesada piedra sobre su pecho herido, pero fue curada por un ángel que apareció en medio de un gran terremoto. Al ver el milagro, setenta soldados de la guarnición se convirtieron a Cristo, y por orden del tirano fueron ejecutados inmediatamente y Parasceva fue llevada ante él. Cuando ella reiteró su ferviente confesión de fe, la Santa fue sumergida en un caldero de bronce lleno de plomo fundido. Sin embargo, también en este caso, su cuerpo, después de haber recibido a través de la virginidad y la ascesis los primeros frutos de la futura incorrupción, permaneció intacto. Pensando que la mezcla no se encontraba en el punto de ebullición, el tirano se acercó a ella y fue cegado por el calor que despedía.[5] Reconociendo su culpa debido a las dolorosas consecuencias, comenzó a clamar: ‘¡Ten piedad de mí, oh sierva del Dios verdadero!, devuélveme la vista y voy a creer en el Dios que tu proclamas.’ A través de las oraciones de la Santa, no sólo recuperó la vista, sino también la luz de la fe, y a petición suya, fue bautizado en el Nombre de la Santísima Trinidad, junto con todo su séquito.

Una vez libre, Santa Parasceva dejó la región para continuar con su misión. Al arribar a una ciudad gobernada por un tal Esculapio, comenzó a proclamar a Cristo y fue arrestada y llevada ante el tribunal. Cuando Esculapio le pidió que se identificara, la Santa hizo la señal de la Cruz y declaró que era una sierva del Dios que creó el cielo y la tierra, que se había ofrecido a sí mismo en la cruz por nuestra salvación, y que volvería con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos. El tirano la hizo azotar, pero la Santa continuó glorificando a Dios, con la mirada elevada hacia el cielo, y cuando Esculapio detuvo a los torturadores para preguntarle si iba a adorar a los ídolos, ella le escupió los ojos con desdén. Fuera de sí de rabia, les dijo a los soldados que la despellejaran hasta los huesos. Sin embargo, después de pasar la noche en el calabozo, los soldados la encontraron nuevamente ilesa. Cuando Parasceva pidió ir al templo de Apolo, todos los paganos se alegraron, pensando que por fin había aceptado ofrecer sacrificios. Una vez allí, después de una prolongada oración, hizo la Señal de la Cruz y todos los ídolos se derrumbaron, haciendo un gran ruido, mientras la gente gritaba: ‘¡Qué grande es el Dios de los cristianos!’ Los sacerdotes responsables de los ídolos estaban indignados, y exigieron enfurecidos que la mataran. Entonces la arrojaron a un pozo, pero, por su oración, el dragón y los reptiles que estaban allí perecieron.

Al darse cuenta de que todos sus intentos habían sido totalmente infructuosos, Esculapio envió a la Santa a otra región, regida por el cruel Tarasio.[6] Mientras ella estaba sanando a todos los enfermos que se le acercaban mediante la invocación del Nombre de Cristo, el rey la convocó a comparecer ante él, acusándola de practicar la magia, y la hizo arrojar a un pozo pestilente, lleno de fieras venenosas. Pero por la Señal de la Cruz, este Agujero se convirtió en una pradera de fragante primavera, y la Santa, protegida por un Ángel, fue preservada de todas las demás torturas que le infligieron. Incapaz de contener su rabia, el rey ordenó que la sierva de Dios fuese decapitada. Arrodillada, Parasceva oró con lágrimas, confiando su valiente alma a Cristo, su Esposo y pidiéndole que le conceda el perdón de los pecados a todos los que honrasen su memoria. Al caer la cabeza bajo la espada, se oyó una voz del cielo dándole la bienvenida a la Santa en el Reino de los Cielos, un reino cuya proclamación había anunciado y la había acompañado con milagros. Desde entonces, los fragmentos de sus reliquias, diseminadas en varias iglesias, no han dejado de obrar numerosas curaciones, en Particular, de las Enfermedades de los Ojos.

[1] Aunque Santa Parasceva fue muy popular, su celebración no apareció en la antigua Sinaxaria y Menaia. Damos aquí su Pasión compuesta por Juan de Eubea (siglo VIII), Que ubica su conmemoración el 9 nov.
[2] En griego, Paraskevi, es decir ‘día de preparación’
[3] Según otros, 20 años.
[4] De acuerdo con las últimas versiones, el nuevo emperador, Antonino el Devoto (140).
[5] En recientes pasiones, fue cegado por la mezcla de brea y aceite que le arrojó Parasceva.
[6] En las últimas Pasiones, Esculapio fue convertido, y la misma Santa continuó su misión en el reino de Tarasio.

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Friday, July 21, 2017

La luz de Cristo ( San Serafín de Sarov )

 
Para recibir y sentir en el corazón la luz de Cristo, hay que alejarse lo más posible de las acciones visibles. Luego de purificar el alma con la penitencia y obras de bien, y con una fe sincera en el Crucificado, cerrando los ojos, hay que sumergir la mente en el interior del corazón, clamar y llamar, sin cesar, el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, en la medida del esfuerzo y del ardor del espíritu hacia el Bienamado (Luc. 3:22), el hombre encuentra en el nombre invocado una dulzura que provoca sed de conocimiento superior.

Cuando el hombre internamente ve la luz eterna su mente se torna limpia y libre de imágenes sensoriales. Estando todo concentrado en la admiración de la belleza no creada, olvida todo lo sensorial, no se quiere ver tampoco a sí mismo, quiere esconderse en el núcleo de la tierra, solo para no perder a este verdadero Bien: a Dios.

San Serafín de Sarov

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Saturday, July 15, 2017

Oración a San Paisio, el Athonita

Oración a San Paisio, el Athonita:
Amado Padre Paisios, tú que has subido los peldaños de la santidad, y llegaste ser perfecto en virtud y por eso ganaste la Gracia plena ante Dios misericordioso, pídele a Aquel a Quien serviste sin cesar en tu vida, que no nos pierda por la multitud de nuestros pecados, sino, que nos retorne al bendecido arrepentimiento. Tú, que mientras estuviste en la Tierra, sanaste con tanto amor nuestras innumerables debilidades corporales y espirituales, mucho más ahora puedes ayudarnos y salvarnos de todas las dificultades. Por ello, te pedimos, ten piedad de nosotros padre, por tu inmenso amor, por tu divina bondad; y no nos dejes a nosotros que somos llenos de tantos pecados.Tú, que no te cansaste de conducirnos hacia la salvación y sostener nuestras debilidades todo el tiempo que estuviste aquí con nosotros, también ahora danos sabiduría para poder superar las tentaciones del maligno; que astutamente, las teje constantemente a nuestro alrededor, y con las cuales quiere perder por siempre nuestras almas. Ilumínanos, para poder conocer la voluntad de Dios para nosotros y ora a nuestro Señor que nos dé fuerza para cumplirla con agradecimiento .Tú que has sido un ejemplo de valentía sin tentación y sacrificio, tu ejemplo nos fortalece y nos ayuda a poder seguirte en la virtud, para lograr ganar la eterna corona, la que tú también la has obtenido en abundancia. Así, padre no nos dejes a nosotros, los que constantemente atraemos la ira de nuestro Muy Paciente Dios, sino quédate con confianza ante su Trono intercediendo por nosotros con lágrimas, para que Dios nos otorgue por tu intercesión, la dulce salvación. Y de esta manera, agradeciendote desde el fondo del corazón, por todo lo que haz hecho por nosotros, y todavía estás haciendo, damos gracias a nuestro Bondadoso Dios, prosternados ante la Santa Trinidad: Padre, Hijo y Santo Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
 
San Paisios el Athonita.(Farsala, Capadocia, 25 de julio de 1924 - Monte Athos, 12 de julio de 1994).  

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Saturday, July 8, 2017

Oración de San Basilio el Grande


Todopoderoso Señor, Dios de los poderes y de toda criatura, que vives en lo más alto y miras a los humildes, que escudriñas nuestros corazones y afectos, y sabes de antemano los secretos de los hombres; eterna e imperecedera luz, en Quien no hay cambio ni sombras de variación; oh Rey Inmortal, recibe nuestras plegarias, Te las ofrecemos con labios impuros, confiando en tus innumerables bendiciones. Perdónanos todos los pecados cometidos en pensamiento, palabra o acción, consciente e inconscientemente, y purifícanos de toda corrupción de la carne y el espíritu. Concédenos pasar la noche de la presente vida con el corazón alerta y el pensamiento cuerdo, aguardando siempre el advenimiento del día radiante de la aparición de Tu engendrado Hijo Único, nuestro Señor y Dios y Salvador, Jesucristo, cuando el Juez de todos ha de venir en gloria a juzgar a cada uno de acuerdo a sus actos. Ojalá no nos encuentre caídos en pecado ni ociosos, sino que despiertos y alertas para la acción, listos para acompañarlo en el divino palacio de sus bienaventuranzas donde se oye un incesante sonido de los que aceptan el festín y el inefable placer de los que contemplan la inexpresable belleza de su Rostro. Porque Tú eres la verdadera luz que iluminas y santificas a todos, y toda la creación Te canta por los siglos de los siglos. Amén.

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Saturday, July 1, 2017

LA ABEJA Y LA MOSCA. ( Santo Paisios del Monte Athos )


 Sé por experiencia propia, que en esta vida la gente se divide en dos categorías. No hay una tercera: cada hombre pertenece a una categoría o a la otra. Una categoría se parece a la de la mosca. La mosca tiene esta particularidad, que siempre se posa sobre algo sucio. P. ej., si en el jardín hay muchas flores perfumadas y en un rincón del jardín un animal hizo sus necesidades, la mosca cruza todo el hermoso jardín sin posarse en ninguna flor. Solo cuando ve la suciedad, baja y se posa, comienza a removerla, deleitándose con el hedor, y no puede separarse.

Si ella pudiera hablar, y uno, agarrándola, le preguntara si sabe dónde están las rosas en el jardín, ella contestaría que no sabe de qué se trata. Diría — "yo sé dónde hay basura, baños, suciedad de animales, lodo..." De manera semejante, en la vida, hay gente parecida a la mosca. Esta categoría de Gente aprendió a Pensar negativamente y en todo ve lo malo, no viendo e ignorando todo lo bueno.

Otra categoría de Gente se parece a la abeja. La particularidad de la abeja es encontrar y posarse sobre lo hermoso y dulce. Digamos, p. ej., que en un ambiente sucio, en un rincón, alguien puso un jarrón con una flor. Si la abeja entra volando ahí, dejará de lado todo lo sucio sin posarse, y encontrando la flor se posará en ella…

Si tomas a esta abeja y le preguntas donde está el lugar de la basura, ella contestará que no notó nada, pero ahí están las dalias, y ahí las rosas, más lejos — las violetas, allí la miel y más allá el azúcar... ella resultará una conocedora de todo lo bueno y no tendrá ni idea de lo malo. Las buenas reflexiones piensan y ven lo bueno.

Así que el hombre se encuentra en la categoría o de Moscas, o de Abejas.

Y el Santo Paisios concluyó:
— "Cuando vienen a mí y comienzan a acusar a otros, les relato ese ejemplo y propongo elegir en que categoría quieren ubicarse, y de acuerdo a esto definir también a los que los acusan.

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Sunday, June 25, 2017

De la Vida Después de la Muerte - El Alma en su Camino al Cielo.

Ya hablamos más arriba sobre la etapa de "evaluación," que algunos pasan inmediatamente después de su separación del cuerpo. Evidentemente esta fase tiene algo en común con el juicio personal, o con la preparación para él.

En las vidas de los Santos y en la literatura espiritual, hay relatos de cómo, después de la muerte del hombre, el alma es acompañada de su Ángel Guardián, que la lleva al cielo a adorar a Dios. A menudo, en este camino, los demonios viéndola, la rodean, para asustarla y llevarla consigo. Esto se debe, según las Sagradas Escrituras, al hecho que los ángeles rebeldes, después de su expulsión del Cielo, se adueñaron del espacio, si se lo puede llamar así, entre la tierra y el Cielo. Por eso, el apóstol Pablo llama a satanás el "príncipe que gobierna en el aire" y a sus demonios — los espíritus "infracelestes" del mal (Efes. 6:12; 2:2). Estos espíritus infracelestes errantes, viendo el alma conducida por el Ángel, la rodean y la acusan de sus pecados hechos en la tierra. Siendo sumamente descarados, tratan de espantarla, llevarla a la desesperación y adueñarse de ella. En este tiempo el Ángel la defiende y la anima. De lo dicho no hay que sacar la conclusión que los demonios tienen algún derecho sobre el alma humana, — ellos mismos están predestinados a ser juzgados por Dios. Ellos sólo aprovechan, en su descaro, que el alma durante su vida en la tierra en algo les obedecía. Su lógica es simple: "Si tú actuabas como nosotros, tu lugar es con nosotros."

En la literatura eclesiástica, este encuentro con los demonios se llama "tribulaciones" (Entre los Padres de la Iglesia hablan sobre este tema San Efrem el Siríaco, Atanasio el Grande, Macario el Grande, Juan Crisóstomo y otros). Más detalladamente desarrolla ese tópico San Cirilo de Alejandría, en su "Palabra sobre la separación del alma," que forma parte del Salterio Liturgico. Una descripción muy clara de este camino se encuentra en la vida del Beato Basilio el Nuevo (Siglo X), donde aparece la Bienaventurada Teodora, fallecida, que relata lo que vio y sintió después de la separación con el cuerpo. Las descripciones de las tribulaciones se pueden encontrar, asimismo, en el Libro "Los eternos misterios de ultratumba." Leyendo estos relatos hay que tener presente que hay mucho de relativo en ellos, ya que las circunstancias reales del mundo espiritual, no se parecen al nuestro.

Un encuentro semejante con los espíritus del mal infracelestiales, está descripto por Ikskul, cuyo relato comenzamos más arriba. He aquí lo que pasó cuando los dos Ángeles vinieron a buscar su alma: "Comenzamos a subir rápidamente, y a medida que lo hacíamos, veía yo un espacio cada vez mayor, y al final, cuando este espacio tomó tan horripilantes dimensiones enormes, sentí miedo al sentirme tan ínfimo ante tan inconmensurable desierto. Había también ciertas características en mi visión. En primer término, estaba oscuro, pero yo veía todo con claridad, por consiguiente mi vista adquirió la facultad de ver en la oscuridad. En segundo lugar, mi vista abarcaba un espacio tal que es imposible para una vista común.

La idea del tiempo, desapareció de mi mente y yo no sé cuánto tiempo más subimos. De repente se oyó un ruido indefinido y luego apareciendo, no se sabe de dónde, con gritos y ruido, se acercó a nosotros una muchedumbre de seres repugnantes. "Demonios," — entendí con inusual rapidez y me helé de un horror especial, desconocido por mí hasta ahora. Rodeándonos por todos lados, ellos con gritos y ruido, exigían que se me entregue a ellos, trataban de agarrarme y arrancarme de alguna manera de las manos de los Ángeles, pero, evidentemente no se atrevían a hacerlo. En esta repugnante algarabía, tanto para el oído, como para la vista, yo lograba, a veces, escuchar palabras y hasta frases enteras.

— "Él es nuestro, él negó a Dios," — de repente como a una voz gritaron ellos y ahora ya con todo descaro se tiraron sobre nosotros, que del horror por un instante se me heló el pensamiento. "¡Es mentira! ¡Eso no es verdad!" volviendo en mí, quise gritar, pero la servicial memoria me ató la lengua. De una manera incomprensible recordé, de repente, un hecho trivial relacionado con mi adolescencia, y que antes tenía completamente olvidado.

Recordé, que en el tiempo cuando todavía estudiaba, nos reunimos en casa de un compañero, y charlando primero sobre las cosas de la escuela, pasamos a hablar de temas elevados y abstractos — como pasaba a menudo.

— "No me gustan las abstracciones, — decía uno de mis compañeros, — pero esto es ya completamente imposible. Puedo creer en alguna, aunque sea hasta ahora no estudiada por la ciencia, fuerza de la naturaleza, o sea, puedo aceptar su existencia, sin ver sus claras manifestaciones, ya que ella puede ser tan ínfima, que se confunde en sus acciones con otras fuerzas y es difícil distinguirla; pero creer en Dios como Ser Personal y Omnipotente, — creer cuando no veo por ningún lado claras manifestaciones de esta Personalidad — esto ya es un absurdo. Me dicen: Cree. Pero por qué debo creer, cuando en forma idéntica, puedo creer que Dios no existe. ¿No es cierto acaso? ¿Y es posible, que Él no exista?" Ya directamente se dirigió a mí, mi compañero.

— "Puede ser, que no exista," dije yo. Esta frase era verdaderamente una "frase vana": el discurso insensato de mi amigo no podía despertar en mí dudas acerca de la existencia de Dios. Yo ni siquiera seguía con atención de qué se hablaba — y he aquí que esta frase vana, no desapareció sin dejar rastro. Yo debía justificarme, defenderme de la acusación recibida... Esta acusación aparentemente, era el argumento más fuerte para mi perdición, para los demonios. Era como si ellos sacaran de él una nueva fuerza para el atrevimiento de sus ataques y con un atroz rugido, giraron alrededor de nosotros, cortándonos el camino.

Me acordé de la oración y comencé a orar, llamando en auxilio a aquellos Santos que conocía o cuyos nombres recordaba. Esto no espantó a mis enemigos. Pobre ignorante, cristiano sólo de nombre, yo posiblemente, por primera vez me acordé de Aquella que se llama la Protectora de los cristianos.

Pero, evidentemente, mi llamado a Ella era tan ferviente, hasta tal punto estaba mi alma llena de horror, que apenas yo, recordando, articulé Su Nombre, alrededor nuestro repentinamente apareció como una neblina blanca que rápidamente cubrió la repugnante masa de demonios, y éstos desaparecieron de mis ojos, antes de separarse de nosotros. Su rugido todavía se escuchó durante un tiempo, luego comenzó a debilitarse y comprendí que la terrible persecución nos había dejado.

El miedo experimentado por mí, era tan fuerte, que no sabía si seguíamos nuestro vuelo durante este horrible encuentro o si nos detuvimos por un tiempo. Entendí que nos movíamos, que continuábamos elevándonos hacia arriba, solo cuando nuevamente se abrió ante mí el espacio infinito.

Después de recorrer cierta distancia, vi una fuerte luz sobre mí. Se parecía a la luz solar, pero era mucho más fuerte. Allí, seguramente, había algo así como un reino de la Luz. Si, justamente un reino, con pleno poder de la Luz, — adivinando con algún sentido especial nunca visto por mí, pensaba yo, — porque con esta luz no hay sombras. "¿Pero cómo puede ser la luz sin sombras?" enseguida surgieron, con extrañeza, mis conceptos terrenales.

De repente, rápidamente, entramos en la esfera de esta Luz, y Ella literalmente me encegueció. Cerré los ojos, cubrí con las manos mi rostro, sin resultado, ya que mis manos no daban sombra. ¡Y que hubiera significado aquí una defensa semejante!.

Pero pasó algo diferente. Majestuosamente, sin enojo, pero poderosamente e irrevocablemente sonaron desde arriba las palabras: "¡No está listo!" — Y luego... luego una instantánea parada en nuestra dirección ascendente — y rápidamente comenzamos a bajar. Pero antes de dejar estas esferas, me fue dado a conocer una manifestación especial. Apenas sonaron las palabras desde arriba, que todo en este mundo, parecía, que cada partícula de polvo, cada minúsculo átomo, las contestaron con su afirmación. Como un multimillonario eco, las repitió en un idioma intangible para el oído, pero comprensible para el corazón y el intelecto, expresando su total asentimiento a lo determinado por la voz. Y en esa unidad de la voluntad, había una magnífica armonía, y en esta armonía se sentía tanta inexpresable y entusiasmada alegría, ante la cual todos nuestros encantamientos y entusiasmos se parecían — un día sin sol. Como un inimitable acorde musical sonó este enorme eco y toda mi alma contestó con un fogoso impulso para reunirse a esta magnífica armonía.

Yo no entendí el verdadero significado de las palabras dirigidas a mí, o sea, no comprendí que debía volver a la tierra y vivir como antes. Pensé que me llevaban a algún otro lugar. El sentimiento de una tímida protesta se movió en mí, cuando, primero vagamente, como en una neblina matinal, comenzaron a perfilarse los contornos de la ciudad, y luego, claramente, aparecieron las calles conocidas y el hospital. Acercándose a mi cuerpo inanimado, el Ángel Guardián, me dijo: "¿Escuchaste lo determinado por Dios?" — E indicando mi cuerpo, me ordenó: — "¡Entra en él y prepárate!" Después de esto ambos Ángeles se hicieron invisibles para mí.

A continuación, K. Ikskul, relata su vuelta al cuerpo, que estuvo en la morgue durante 36 horas, y cómo los médicos y todo el personal se extrañó por el milagro de su vuelta a la vida. Poco después, K. Ikskul, se retiró a un Monasterio y terminó su vida como Monje.

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Saturday, June 17, 2017

Tres luces que son una Luz (Poemas Dogmáticos, 1, 2, 3). ( San Gregorio Nacianceno )


Bien sé que, al hablar de Dios a los que le buscan, es como si quisiéramos atravesar el mar con pequeñas naves, o nos lanzáramos hacia el cielo constelado de estrellas, sostenidos por débiles alas. Porque queremos hablar de ese Dios que ni siquiera los habitantes del Cielo son capaces de honrar como conviene.
Sin embargo, Tú, Espíritu de Dios, trompeta anunciadora de la verdad, estimula mi mente y mi lengua para que todos puedan gozar con su corazón inmerso en la plenitud de Dios.
Hay un solo Dios, sin principio ni causa, no circunscrito por ninguna cosa preexistente o futura, infinito, que abraza el tiempo, grande Padre del grande y santo Hijo unigénito. Es Espíritu purísimo, que no ha sufrido en el Hijo nada de cuanto el Hijo ha sufrido en la carne (...).
Unico Dios, distinto en la Persona pero no en la divinidad, es el Verbo divino. Él es la imagen viva del Padre, Hijo único de Aquél que no tiene principio, solo que procede del solo, igual hasta el punto de que mientras sólo Aquél es plenamente Padre, el Hijo es también creador y gobernador del mundo, fuerza e inteligencia del Padre.
Cantemos en primer lugar al Hijo, adorando la sangre que fue expiación de nuestros pecados. En efecto, sin perder nada de su divinidad, me salvó inclinándose, como médico, sobre mis heridas purulentas. Era mortal, pero era Dios; descendiente de David, pero creador de Adán; revestido de cuerpo, pero no partícipe de la carne. Tuvo madre, pero madre virgen; estuvo circunscrito, pero permaneció siempre inmenso. Fue víctima, pero también pontífice; sacerdote, y sin embargo era Dios. Ofreció a Dios su sangre y purificó el mundo entero. Fue alzado en la cruz, pero los clavos derrotaron al pecado. Se confundió entre los muertos, pero resucitó de la muerte y trajo a la vida a muchos que habían muerto antes que Él: en éstos se hallaba la pobreza del hombre, en Él la riqueza del Espíritu
Alma, ¿por qué tardas? Canta también la gloria del Espíritu; no separes en tu discurso lo que la naturaleza no ha dividido. Temblemos ante el poderoso Espíritu, como delante de Dios; gracias a Él he conocido a Dios. Él, que me diviniza, es evidentemente Dios: es omnipotente, autor de dones diversos, el que suscita himnos en el coro de los santos, el que da la vida a los habitantes del cielo y de la tierra, el que reina en los cielos. Es fuerza divina que procede del Padre, no sujeto a ningún poder. No es hijo: uno solo, en efecto, es el Hijo santo del único Bien. Y no se encuentra fuera de la divinidad indivisible, sino que es igual en honor (...).
[Ésta es la] Trinidad increada, que está fuera del tiempo, santa, libre, igualmente digna de adoración: ¡único Dios que gobierna el mundo con triple esplendor! Mediante el Bautismo, soy Regenerado como hombre nuevo por los Tres; y, destruida la Muerte, avanzo en la luz, Resucitado a una vida nueva. Si Dios me ha Purificado, yo debo adorarlo en la plenitud de su Todo.

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Sunday, June 11, 2017

Tropario a Todos los Santos - Tono 8°

† Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Tu Iglesia adornada, con la sangre derramada por Tus mártires en todo el mundo, como con purpura y lino puro, te exclama, oh Cristo Dios:
¡Envía Tus compasiones sobre Tu pueblo; y concede la paz a Tu comunidad y gran misericordia a nuestras almas!

† Ahora y Siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

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Sinaxis de todos los Santos

El domingo después de Pentecostés se dedica a todos los Santos, todos los que son conocidos y todos los que no son conocidos por nosotros si no únicamente por Dios. Siempre han existido los Santos, y han venido de todas las esquinas de la tierra. Ellos eran Apóstoles, Mártires, Profetas, Jerarcas, Monásticos y Justos, y todos han sido perfeccionados por el mismo Espíritu Santo.

El descenso del Espíritu Santo lo hace posible para nosotros ser elevados de nuestro estado decaído y alcanzar santidad, así cumpliendo con el mandamiento de Dios “de ser santo, porque Yo soy santo” (Lev. 11:44, 1 Pedro 1:16 y siguientes). Por eso es apropiado celebrar todos los Santos el primer domingo después de Pentecostés.

La fiesta se originó en un tiempo temprano, tal vez como celebración de todos los mártires, después fue ampliado para incluir a todos los hombres y mujeres quienes habían sido testigos de Cristo por sus vidas virtuosas, aunque no hubieran derramado su sangre por Él.

San Pedro de Damasco, en su “Cuarta Etapa de Contemplación”, menciona cinco categorías de Santos: Apóstoles, Mártires, Profetas, Jerarcas y Santos Monásticos (Filocalía Vol. 3). Él está repitiendo lo que dice en el Octoikos, Tono 2 de los Maitines del sábado, Katisma después del primer Estiquio.

San Nicodemo de la Santa Montaña (14 de julio) agrega a los Justos a las cinco categorías de San Pedro. La lista de San Nicodemo se encuentra en su primer libro “Las Catorce Epístolas de San Pablo” en su discusión sobre 1 Corintios 12:28.

La himnografía de la fiesta de Todos los Santos, también refiere a seis categorías: “Regocíjate, asamblea de los Apóstoles, Profetas del Señor, fieles coros de Mártires, divinos Jerarcas, Padres Monásticos y los Justos…”

Algunos de los Santos se describen como Confesores, una categoría que no se encuentra en ninguna de las listas mencionadas. Como ellos son muy parecidos en espíritu a los mártires, se consideran como perteneciendo a la categoría de los mártires. Ellos no fueron matados como los mártires, pero confesaron a Cristo con mucho valor y llegaron a la muerte con fe, por ejemplo, San Máximo el Confesor (21 de enero).

El orden de estos seis diferentes tipos de Santos parece estar basado en su importancia para la Iglesia. Los Apóstoles son primeros, porque ellos fueron los primeros en predicar el Evangelio al mundo.

Los Mártires siguen por su ejemplo de valor en profesando su fe antes los enemigos y perseguidores de la Iglesia, esto inspiro a muchos otros cristianos seguir a Cristo fielmente aun hasta la muerte.

Aunque cronológicamente los Profetas son anteriores, ellos son mencionados después de los Apóstoles y Mártires. Esto se debe a que los Profetas del Antiguo Testamento solo vieron sombra de lo que estaba por venir, mientras que los Apóstoles y los Mártires más experimentaron más de cerca. El Nuevo Testamento también toma preferencia sobre el Antiguo Testamento.

Los Santos Jerarcas componen la cuarta categoría. Ellos son los jefes de sus rebaños, enseñándolos por su ejemplo y palabra.

Los Santos Monásticos son aquellos que se apartaron de este mundo para vivir en monasterios, o en reclusión. Ellos no lo hicieron porque tenían odio para el mundo, pero para dedicarse a orar sin cesar y para batallar con los demonios. Aunque existen algunos que creen que los monjes y monjas no tienen uso y no producen, San Juan Clímaco tenía la más alta estima por ellos.

La última categoría de los Justos, son aquellos que alcanzaron la santidad en la vida mientras vivían “en el mundo.” Ejemplo son Abraham y su esposa Sara, Job, Santos Joaquín y Ana, San José el desposado, Santa Juliana de Lazarevo, y muchos más.

La fiesta de Todos los Santos adquirió gran prominencia llegando al noveno siglo, durante el reinado del Emperador Bizantino Leo VI el Sabio (886-911). Su esposa, la santa emperatriz Teofana (16 de diciembre) vivía en el mundo, pero no estaba apegada a las cosas mundanas. Ella fue una gran benefactora para los pobres, y muy generosa con los monasterios. Ella era una verdadera madre para sus subditos, cuidando a las viudas y los huérfanos y consolando a los doloridos.

Antes de la muerte de Santa Teofana en 893 o 894, su esposo comenzó a construir una Iglesia, intentando dedicarla Santa Teofana, pero ella le prohibió hacerlo. Fue este emperador que decreto que el domingo después de Pentecostés sea dedicado a Todos los Santos. Creyendo así que su esposa, siendo unos de los Justos, ella será honrada también cuando sea que se celebre la Fiesta de Todos los Santos.

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